Este arte
marcial, cuyo creador fue el conocido
Bruce Lee, tiene sus orígenes en
el kung fu. El mismo Bruce cuenta su nacimiento
como la aplicación y la conclusión
de unas ideas muy simples que pueden ser
comprendidas por todos.
Tanto el jeet
kune do como el kung fu del cual se deriva
no pueden ser disociados de la vida, de
la que forman parte, se inscriben y la
trascienden. Basado en la teoría
del yin y el yang, la alternativa entre
lo masculino y lo femenino, lo positivo
y lo negativo, el día y la noche,
lo activo y lo pasivo; el movimiento pendular
entre dos polos establece una complementariedad
dinámica.
La comprensión
de esta ley de la armonía es indispensable
para quien quiera progresar en el camino
de las artes marciales.
Bruce Lee
afirmaba que cuando un practicante de
artes marciales ha comprendido la teoría
del yin y el yang no se preocupa inútilmente
con lo que se debe ser suave o duro, se
contenta con hacer lo preciso en el momento
adecuado.
De hecho,
desde este momento ya no precisa mas referencias
a un estilo, y sus movimientos son los
de todos los días. Para evitar
fijar su técnica y repetir de esta
forma el error de sus predecesores, Bruce
renuncia a limitarse a la adopción
de un estilo. Desea conocerlos todos sin
predilección por ninguno, seleccionando
en cada estilo los golpes que a su juicio
son los mejores y los añade a su
repertorio personal, siendo su clara visión
de las artes marciales, lo que le permite
unificarlos en un todo coherente y eficaz.
El jeet kune
do, cuya traducción literal es
"el puño que intercepta",
entre las premisas que establece está
la de "aprender no es imitar",
no se trata de repetir lo que se ha aprendido
de memoria como si de un colegial se tratara.
Aprender es
descubrir ahora y siempre en un proceso
que no tiene fin. En el jeet kune do no
se comienza por acumular conocimientos,
sino a buscar la causa de la ignorancia,
y esta búsqueda implica ante todo
desprendimiento. Este desprendimiento
no es sinónimo de empobrecimiento,
sino el principio de una investigación
intelectual y técnica, lo mismo
que cuando se talla una escultura, al
bloque de piedra se le quita todo lo superfluo,
lo que le sobra, hasta que aparece la
obra completa en su pura esencia.
El jeet kune
do es un elogio a la libertad. No tiene
ninguna regla o clasificación que
permitan catalogarlo como un método
suplementario de combate. Este pensamiento
parece extraordinariamente moderno, ya
que el reajuste permanente de sus valores,
la flexibilidad de sus principios, la
continua comprobación de las técnicas
adquiridas, desembocan en una inestabilidad
que engendra un dinamismo saludable
Para Bruce
Lee se requerían una serie de cualidades
tales como: coordinación, precisión,
potencia, endurecimiento, equilibrio,
sentir el propio cuerpo, buena técnica,
visión despierta, velocidad, oportunidad
y actitud principalmente, que trabajadas
una a una y en conjunto, hacían
del luchador, una persona realmente formidable.
La música
producía en él un efecto
físico, expresando con su cuerpo
el ritmo y sus inflexiones, uniéndose
a la cadencia cósmica que los monjes
de shaolin habían comprendido e
incluido en las estructuras técnicas
del kung fu, a través de los estilos
que imitaban los ritmos naturales de los
animales, al igual que él mismo
los utiliza para inspirarse, trascendiéndolos,
adaptándolos y haciéndolos
golpes eficaces e imparables.
Es en este
ritmo natural y en un continuo estado
de fluidez espiritual que nos permite
adaptar y adaptarnos a todo cuanto ocurre
a nuestro alrededor lo que nos permite,
al no tener un estilo definido, tener
todos los estilos, meta última
perseguida por el creador del jeet kune
do.
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