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Descripción del Sable

La katana es un sable japonés (daito), aunque en Japón esta palabra es usada genéricamente para englobar a todos los sables. "Katana" es el kunyomi (lectura japonesa) del kanji ; el onyomi (lectura china) es "to" (pronunciado /to:/).

Se refiere a un tipo particular de sable de único filo, curvado, tradicionalmente utilizado por los samurai. Su tamaño más frecuente ronda el metro de longitud y el kilo de peso.

El tipo de Katana más difundido en la actualidad es el conocido como "Oda Nobunaga", en alusión al shogún creador de dicho modelo, de hoja curva y alrededor de un metro de longitud total.

Características

Debido al carácter curvo de su hoja y a su único filo, la katana debe ser considerada un sable, antes que una espada. Como tal, está fundamentalmente orientada al corte más que a la estocada. Su curvatura surge de la necesidad de obtener un corte eficaz cuando se maneja desde la montura del caballo; la hoja recta tiende a "empotrarse" en el momento del corte, mientras que la curva obtiene siempre un corte tangencial a la trayectoria del arma y con ello evita que la katana se quede bloqueada.

La katana es utilizada primordialmente para cortar y es frecuentemente considerada una "guillotina de mano". Se la desenvaina llevando el filo hacia arriba y se la puede blandir con una o dos manos (siendo esta última modalidad la tradicional).

Aunque el arte del manejo del sable japonés según su propósito original ha quedado en la actualidad casi obsoleto, el kenjutsu ("Técnicas de Sable") se ha convertido en gendai budo - un arte marcial moderno. Mientras que la esencia de su manejo persiste en el iaido (antiguamente iai jutsu), que es el arte de "desenvainar cortando" y kendo ("Vía del Sable") que es el arte de esgrimir una espada de bambú conocida como shinai utilizando como protección una máscara (Men) y una armadura (Mune). Las viejas escuelas de espadas koryu aún existen (Kashima Shinto Ryu, Kashima Shin Ryu, Katori Shinto Ryu).

Anatomía

Diagrama de una katana indicando todos sus componentes y su ubicación.

Diagrama de una katana indicando todos sus componentes y su ubicación.

Hamon: línea diferencial del temple de la hoja. Por ejemplo ondulada en el estilo Notare.
Iori-Muné: tipo de nervio de la hoja sin rebaje.
Kissaki: punta.
Mei: firma del armero, normalmente en el Nakago.
Mekugis: pasadores que sujetan la Tsuka (mango) al Nakago (espiga), solían ser de madera de bambú.
Mekugi-Ana: agujeros para los pasadores.
Menuki: aplicaciones metálicas ornamentales en los laterales del mango.
Moto-Haba: ancho de la hoja.
Moto-Kasane: espesor de la hoja en el Habaki.
Mune: contrafilo.
Nagasa: longitud.
Nakago: espiga, parte de la hoja que entra en la empuñadura.
Niké: rebaje del nervio.
Saki-Haba: anchura de la hoja al comienzo del Kissaki.
Samé: forro de la Tsuka. Solía ser de piel de tiburón o raya para evitar el deslizamiento del Tsuka-Ito.
Sori: curvatura.
Sugata: tipo de hoja.
Tsuba: guarda, rodela. Solía decorarse con motivos naturales.
Tsuka: mango.
Tsuka-Ito: encordadura del mango.
Yokote: línea que separa la punta del resto de la hoja.

 

Elaboración y tratamiento

Hojas de Katanas

Las espadas japonesas y otras armas cortantes eran fabricadas mediante un elaborado método de calentamiento reiterado, plegando y martillando el metal. Esta práctica se originó debido del uso de metales altamente impuros, que estando aún al rojo se enfriaban, se recalentaban y luego se trenzaban. Al acabar, se cortaba la trenza en trozos, con cada uno de los cuales se volvía a fundir una varilla que era pasada por carbón. El proceso se repetía varias veces, en cada una de ellas iba aumentando el porcentaje de carbono hasta obtener acero. Tras la última trenzada, se martillaba hasta aplanar. Al tener una estructura organizada en varas, la espada poseía gran elasticidad, por lo que no se quebraba fácilmente.

La curvatura distintiva de la katana se debe, en parte, al trato diferencial durante el calentamiento al que es sometida. Al contrario de gran parte de las espadas producidas en otros lugares, los herreros japoneses no endurecen el sable completo, solamente el lado que posee filo. El proceso de endurecimiento hace que la punta del sable se contraiga menos que el acero sin tratar cuando se enfría, algo que ayuda al herrero para establecer la curvatura del sable. La combinación de un lado duro y un lado blando de la katana y de otros sables japoneses es la causa de su resistencia a pesar de retener un buen filo cortante.

Para ayudar al manejo de la katana, existe un tipo de arma llamada bokken, en forma de katana, pero de madera, cuya aplicación sirve para perfeccionar el movimiento de la katana sin ningún tipo de peligro y así combatir en entrenamientos.

Proceso de elaboración

El acero usado hoy en día para la creación de katanas es de aleación 1050, ya que es el que más se asemeja al usado antiguamente. Los antiguos japoneses hacían ellos mismos el acero, en un proceso muy lento en el que cocían en un horno cerrado distintas capas de hierro, carbón y material orgánico durante más de un mes.

Filo y punta de una katana

Gracias a la tecnología actual, los hornos se calientan muy rápido y de manera uniforme, pero antiguamente el simple hecho de elevar la temperatura de un horno hasta los 900 grados Celsius que necesita el acero para fundirse, requería un mes entero de alimentación continua con carbón.

El acero que se utilizaba (y se sigue utilizando) viene en forma de pequeño ladrillo rectangular, que es lo que se convertirá mediante la forja en la hoja de la espada. Se introduce el ladrillo en el horno hasta que alcanza el punto de fusión sin pasarse, porque si no se convierte en líquido y se pierde el acero. La finalidad es que esté lo suficientemente blando como para ser manipulado.

Alcanzada la temperatura ideal, el ladrillo se golpea con el martillo, haciéndolo más fino y alargado. Cuando ha alcanzado el doble de su longitud original se realiza una incisión justo en el medio y se dobla sobre sí mismo hasta obtener exactamente el mismo ladrillo original, pero con dos capas de acero entre sí.

Este método de doblar el acero sobre sí mismo se repite de 8 a 12 veces, obteniendo un ladrillo de acero de la misma longitud del original, pero con una cantidad de capas de acero de entre 256 y 4096, unidas entre si.

Éste es el método que diferencia la forja de las katanas con la de las espadas europeas. A pesar de la creencia común, este proceso no mejora las cualidades mecánicas del acero, pero sí tiene varias ventajas, sobre todo respecto al acero antiguo, mucho más impuro y carbonatado que el actual (un exceso de carbón endurece el acero, pero lo fragiliza como si fuera cristal). Luego se eliminan las impurezas de carbón, las burbujas de aire y el exceso de carbono; y se reparte el carbono homogéneamente por toda la hoja, eliminando los puntos débiles.

Tsuba de una katana

En contra de la creencia popular, a más veces se doble el acero, no se obtiene uno mejor, de hecho a partir de las 12 capas la estructura del acero se debilita. Un acero doblado 20 veces es prácticamente inusable en combate. Durante este lento y laborioso proceso el acero se enfría rápidamente, de modo que debe ser metido en el horno continuamente para recuperar el punto de fusión y poder forjarlo.

Así pues, el ladrillo que se consigue tiene una cantidad muy baja de carbono (entre un 1% y un 0.5%) gracias a este doblaje. Este acero es bastante flexible, lo cual sirve para absorber golpes y aumentar la durabilidad en combate, pero es posible que no sea lo suficientemente duro para obtener un buen filo. El filo de una katana debe ser muy duro, de modo que se recurre a la segunda característica de éstas: utilizar dos aceros para la misma hoja.

Para crear el filo, se utiliza un segundo ladrillo con menor cantidad de doblajes en su proceso (de 4 a 5 veces). De este modo se obtiene un acero más carbonatado, que lo hace extremadamente duro, aunque más frágil.

El segundo ladrillo se corta en trozos que puedan rodear completamente al primer ladrillo. Se mete el conjunto en el horno y se lo golpea sucesivamente hasta llevarlo a la longitud que se desee (la normal es de unos 80 cm.).

Para darle la típica forma de una hoja de katana, se golpea el rectángulo hasta obtener unos 0.5 cm. de grosor en el lomo, y después se golpea la parte del filo hasta hacerlo extremadamente fino (de unos pocos milímetros), de modo que pueda cortar. Esta diferencia entre la forma de forjar el lomo y el filo es otra característica de las katanas. También se le hace la forma de la punta y la del nakago (la parte que se inserta en la empuñadura).

Es necesario ahora templar la hoja recién creada. El temple consiste en elevar la temperatura de la hoja hasta el punto de fusión para después introducirla en agua fría de modo que se enfríe rápidamente. Este proceso le da al acero una dureza extrema. La explicación es que, al elevar el acero a su punto de fusión, el carbono "sube" hasta la superficie y al enfriarse se mezcla de nuevo con el interior. Sin embargo, si se enfría extremadamente rápido (introduciéndolo en agua), el carbón queda "atrapado" en la superficie, haciéndolo mucho más duro. De hecho, el acero queda tan duro que resulta también bastante frágil, hecho por el cual es introducido nuevamente en el horno para liberar parte de la tensión, de modo que la hoja no resulte tan frágil como un cristal.

Para conseguir que el filo resulte extremadamente duro como para cortar sin mellarse fácilmente, al tiempo que el lomo sea más flexible para resistir los golpes que va a recibir, entra en juego otra de las características de la katana: el templado diferenciado.

Lo que se hace es cubrir el lomo con una cantidad considerable de arcilla y dejar el filo con una mínima cantidad, o sin ella. Se calienta todo en el horno y luego se templa introduciéndolo en agua fría. El lomo, cubierto con más arcilla, se enfría mucho más lentamente que el filo, con lo cual se consigue un temple duro para el filo y otro más blando para el lomo. Además se presencia un efecto elemental: el acero que más rápidamente se endurece, "estira" al más blando, dándole a la hoja su tan característica curvatura.

Tsuka de una katana

El hamon, o línea de templado, tan característica en las katanas, no es sino la zona de separación entre las distantas zonas de templado. Como la arcilla se coloca manualmente, el hamon de cada katana es completamente único.

Posteriormente se pule la superficie de la hoja para darle un aspecto completamente liso y se inserta el habaki, o frenillo, de la hoja. Ya sólo resta el lento y delicado proceso de pulido final. Es lento porque se va pasando la hoja por sucesivas piedras cada vez más finas, requeriendo horas de trabajo por cada centímetro de la hoja, y delicado porque un pulido inexperto puede arruinar su simetría. En este punto se practica el mekugi-ana (agujero del nakago) donde se insertará el tope que lo mantendrá fijo en la empuñadura.

La creación completa de la hoja suele durar más de un mes, pero las mejores katanas pueden tardar hasta un año en ser fabricadas completamente. La hoja es sólo el primer paso.

Primero, se tiene que fabricar la tsuba (guarda de la hoja). Su construcción es sencilla, ya que es simplemente hierro sin forjar, pero el grabado resulta ser todo un arte. Cuando la katana estaba enfundada, la tsuba era la parte visible de la misma, y la que indicaba el estátus o el carácter de su dueño, de modo que nuevamente se trata de un proceso delicado.

Después se fabrica la tsuka o empuñadura. Ésta normalmente está hecha de madera de roble recubierta de piel de tiburón o de raya, para mejorar su empuñadura, y por encima se enrollan de manera cruzada tiras de algodón o de cuero, que aumentan el agarre y comodidad, además de darle su típico aspecto. La hoja se inserta en su interior y se fija mediante un tope de metal o de bambú al mekugi-ana.

La saya (funda) se fabrica normalmente de madera lacada, aunque también existían las fundas de metal. Tiene incorporada una tira de 1.8 o 2 metros de algodón o cuero llamado "sageo", que se ata al cinturón (obi) del Hakama y que también puede ser usada como cuerda auxiliar para sujetar cosas o para apresar a un enemigo. La boca de la saya, denominada "Koi-Guchi" suele llevar un refuerzo de cuerno de búfalo para evitar el desgaste por rozamiento con la hoja.

Mitos
Hay muchos alrededor de las espadas japonesas, el más conocido es que se pliegan un inmenso número de veces, obteniendo propiedades mágicas. Nótese que con cada pliegue se duplica el número de capas de la katana, siendo esta cantidad igual a 2 elevado al número de pliegues realizados.

Mantenimiento
La Katana debe mantenerse limpia y lubricada para prevenir que el acero se altere o quiebre. Tanto el sudor como el polvo afectan la hoja por eso debe hacerse un mantenimiento periódico. Actualmente se consiguen en el mercado comùn los elementos necesarios para conformar el Kit de limpieza de la Katana.

Estos kit deben contener: aceite choji, martillo de metal para desarmar las partes duras de la katana, bola de polvo (uchiko) no abrasivo, pliegues de papel de arróz para limpiar el cuerpo del sable, algunos kit traen un pequeño envase de plástico para resguardar papel de arroz con aceite, generalmente se obtienen en el mercado dentro de una caja de madera y son muy llamativos.

Fuente: Wikipedia®


La Katana Japonesa (otro)

KatanaEs curioso observar cómo esta espiritualidad ha rodeado al sable desde su propia concepción: el Kaji (To-Sho) forjador de sables, se sometía a una dura disciplina de ayuno y aislamiento, con objeto de purificar todas sus acciones y lograr de esa manera una obra sin igual en la que quedarían impresas las cualidades de su propio carácter. Existía por tanto, una cierta transmisión o comunión espiritual entre el artesano y su creación.

De esta forma, como en una mágica alquimia, el forjador evocaba los elementos sagrados, manipulándolos con sabiduría y erigiéndose como puente de unión entre los designios divinos y la materialidad de las formas... Sólo él entre el dragón de los Cielos y el tigre de la Tierra (Ten Chi Jin).

Era así como en el Aire puro de la montaña, el Kaji mezclaba en proporciones secretas la Tierra ferruginosa (Tamahagane), sometiéndola luego al Fuego purificador capaz de liberar la esencia del mineral más noble, para sumergirlo finalmente en el Agua que conformaría una estructura renovada. De la nada, del Vacío original (Ku), había nacido la hoja del sable capaz de liberar al guerrero espiritual (Bushi).

Cuando un proceso escapa a la mera repetición sistemática y requiere de la intervención del espíritu de quien lo realiza, entra por mérito propio en la clasificación de Arte. Cómo definir sino algo que se regía por normas tan poéticas como: "Calentar el acero hasta lograr el color de la luna en el cielo de junio" o bien: "Enfriar la hoja en el agua a la temperatura de un riachuelo en febrero".

artesanos japonesesCada artesano se convertía así en experto de su propio método de fabricación, dando lugar a obras irrepetibles, con características perfectamente identificables, asociadas para siempre a su firma (Mei), normalmente escondida bajo la empuñadura del sable (Tsuka).

Los diferentes tipos de forja variaban desde los más sencillos, en los que una capa de acero endurecido se soldaba lateralmente a otra lámina de hierro (Suheya), pasando por sistemas de calidad media en los que el metal más duro envolvía la lámina más blanda desde abajo (Kobuse) o desde el lomo superior (Wariha), hasta llegar a las hojas de mayor calidad, forjadas combinando hierro y acero en múltiples capas que suministraban sus particulares características de elasticidad y dureza.

Esta doble pletina blanda-dura para laminación, recibia el nombre de Kataha. Después, la combinación de esas láminas se doblaba una y otra vez a golpe de martillo, forjando así hojas que, en un espesor reducido, incluían miles de laminillas originales. Cuando la hoja final se pulía, dejaba a la vista su configuración en capas, lo que permitía su catalogación como si se tratara de los anillos de un tronco recién cortado. Estas huellas laminares (Hada) tienen una denominación concreta según su forma: recta (Masame), madera (Itame), curvada (Ayasugi) o celular (Mokume).

Una vez laminadas, las mejores hojas requerían ser endurecidas en las zonas del filo y de la punta; esto se lograba introduciendo mayor contenida de carbono en el acero a través de un proceso de calentamiento en el lecho de un horno de carbón. Cuando el porcentaje de carbono era lo suficientemente elevado, la hoja estaba lista para el temple.

Un buen sable necesitaba distintos grados de elasticidad y dureza en las diferentes zonas de la hoja, para evitar la fragilidad asociada en las áreas de corte o bloqueo. El problema a resolver era cómo dosificar adecuadamente el proceso de templado (elevadas temperaturas y enfriamientos bruscos) de manera que la gran dureza resultante se distribuyera correctamente. La solución se adoptaba en forma de recubrimiento arcilloso (Sabidoro), con un espesor muy pequeño en el filo y progresivamente mayor hacia el dorso de la hoja (Mune), que controlara los efectos de la temperatura durante los sucesivos temples. La consecuencia evidente en la hoja, era una línea perfectamente definida (Hamon) que ponía de manifiesto los diferentes grados de cristalización del acero.

Una posterior operación de pulido/rectificado permitía eliminar rugosidades superficiales y corregir angulaciones del filo en zonas especialmente delicadas, como la punta (Kisaki).

La última operación podía incluir la ejecución de grabados ornamentales con motivos alegóricos, como la "recta espada de la sabiduria" (símbolo del Kami Fudo Myo-O) o el nombre en sánscrito de la divinidad protectora elegida.

En ocasiones, la firma del artesano se encontraba acompañada por la de los asesores que certificaban así las pruebas realizadas con la con la hoja recien fabricada (Tameshigiri y Suemonogiri) antes de ser entregados a su destinatario.

El sable quedaba dispuesto, montado en principio de manera sencilla en una enpuñadura de madera natural, sin adornos, a juego con la funda (Shirasaya), evidenciando así el gran valor de la hoja frente a cualquier tipo de ornamento externo.

Posteriormente tomaría la forma definitiva incorporando una guarda (Tsuba) en fundición de gran calidad artística, la empuñadura (Tsuka) forrada con piel de tiburón y seda trenzada, y una funda (Saya) en madera lacada.

Entre los artesanos más famosos de las diferentes eras podemos destacar:

  • Amakuni (701 D.C.)
  • Yasutsuna (806 D.C.)
  • Munechika (987 D.C.)
  • Norimune (1206 D.C.)

  • Yoshimitsu (1264 D.C.)
  • Masamune (1288 D.C.)
  • Muramasa (1322 D.C.)
  • Kanemitsu (1329 D.C.)

Masamune fue, sin lugar a dudas, el más genial de todos ellos; Muramasa vendría en segundo lugar, aunque todas sus hojas fueron consideradas como portadoras de desgracias para los dueños.

La denominación de los diferentes tipos de sables variaba en función de su forma y longitud; un resumen simplificado incluiría:

- O Dachi (Jin Tachi): longitud entre 130-160 cm.; se portaba a la espalda y su manejo requería una buena dosis de fuerza.
- Tachi: precursora de la Katana y de similar longitud: se portaba con filo hacia abajo.
- Katana: original del siglo XIV. Utilizada frecuentemente en combinación con otros sables más cortos. Se llevaba en la cintura, con el filo hacia arriba. Longitud 100-120 cm.
- Wakizashi (Kodachi) (Soto): longitud entre 60-70 cm.; hoja curva para ser manejada con una sola mano. Se solía llevar en la cintura, bajo el Katana.
- Tanto (Tanken): con guarda, de hoja recta o ligeramente curvada (30-35 cm.)
- Aikuchi: longitud 25-30 cm. Sin guarda. Típico en ceremonial Seppuku.

artesanos japoneses

Otra manera de diferenciar las hojas, esta vez en función de su perfil, incluye la nomenclatura siguiente:

- Koshizori: curvatura clásica, cuyo centro se localiza cerca de la empuñadura.
- Toriizori: el punto central de curvatura coincide con el centro de la hoj
- Sakizori: el centro aquí se desplaza hacia la punta.
- Uchizori: curvatura muy poco pronunciada (ej: Tanto).
- Muzori: hoja de un solo filo, totalmente recta; típica de Ninja- To.

La cultura que se desarrolló alrededor del sable, alcanzó no sólo los aspectos meramente técnicos, sino los también espirituales, creando así modos de vida diferentes y propiciando la búsqueda del ser interior a través de la renuncia a uno mismo (Musha Shugyo).

Es así como detrás de los dos aspectos básicos del manejo de la Katana:

- Iai (sistema de desenfundado y corte instantáneo, anticipándose a la iniciativa del oponente), y
- Ken Jutsu (esgrima básica del sable; movimientos de ataque y bloqueo encaminados a contrarrestar la acción del adversario), se encuentra todo un respaldo esotérico, cuya riqueza sobrepasa con diferencia los aspectos meramente mecánicos antes indicados.

Es la doble faceta presente, como en tantas otras ocasiones, en diferentes aspectos en la vida japonesa:

Mientras el lado Omote hace referencia a todo lo "visible" en el arte del sable, sus técnicas y movimientos, el lado Ura hace mención a la espiritualidad que ilumina el camino (Do) del guerrero.

La asimilación del sable como ente completo (nuestro propio ser) permite identificar en él los dos aspectos básicos: material y espiritual, cuerpo y alma, funda y hoja. Del mismo modo, fue la tradición la que convirtió en forjadores de almas (que no de armas) a los que fueron artesanos del sable con demostradas cualidades morales.

Cuando practicamos los movimientos básicos con Katana debemos ser capaces de "ver a través de ellos". En el NUki Kuri Kata (forma de desenfundar) es necesario experimentar el sentimiento profundo que acompaña al contínuo ir y venir de nuestro sable.

Por ello se dice que en el hecho de extraer la Katana del saya, hay algo más que un mero gesto defensivo... al descubrir la hoja destapamos también nuestra intimidad más profunda (kokoro). Es un acto de sinceridad completa, de búsqueda hacia el interior, de reconocimiento total del Ser que vive en nosotros mismos.

Al desenfundar su sable, el practicante coloca ante sí todos aquellos aspectos negativos que oscurecen su propio Yo, y en ese primer corte al vacío (Nuki Tsuke) trata de abatirlos, de purificarlos con la intención enfocada en un solo objetivo...Ha logrado así identificar a su verdadero Adversario y luchará contra él cada día, en cada movimiento, una y otra vez, hasta que ese combate interior, como de la alquimia de una forja, renazca el Ser Universal que coexiste en nosotros desde el principio de los tiempos.

Así poco a poco, vamos entrando en el sentimiento oculto de cada movimiento, logrando de esta manera un paralelismo ideal en el desarrollo de los dos aspectos básicos de nuestra naturaleza: el "Yo" (lectura japonesa de "Yang", principio activo del Taoísmo chino) más expresivo de nuestro cuerpo físico, unido al "In" (lectura japonesa de "Yin", principio pasivo del taoísmo) potenciador de nuestras cualidades espirituales.

En cada gesto, como en la propia vida, asumimos la grave responsabilidad en las consecuencias de nuestros actos.

En la realidad del Furi Kabute, por ejemplo, queda patente el dramatismo de una decisión que implica continuar hasta el movimiento final (Kiri Tsuke); elevamos el arma hacia el cielo, a la par que el espíritu, a través de nuestra mirada, sigue fijo en el suelo, en un intento de aunar las fuerzas celestes (Yo) con las fuerzas terrestres (In), pero conservando la entera capacidad decisoria del momento (Ten Chi Jin: "El hombre entre el cielo y la tierra").

Pero es quizá el espíritu de desapego Mushin (Mushotoku) lo que adquiere mayor presencia en todo momento. Es como si el propio sable intentara cortar todos esos hermosos lazos que nos unen a lo terrenal y que se convierten también en pesado lastre dentro de nuestro camino de ascensión hacia lo Eterno. Son tan fuertes que parece como si el movimiento enérgico de nuestros brazos y el filo de nuestro sable fueran incapaces de asestar ese "Kiri" definitivo... Es tan difícil encontrar la "vía del medio", que cada día iniciamos de nuevo el combate y soñamos salir vencedores de una batalla en la que al despertar nos veremos obligados, como tantas y tantas veces, a recoger los despojos de nuestra sinceridad.

Este es nuestro duelo cotidiano, en el que el feroz adverdario se viste con nuestros propios ropajes, y se mira en el espejo de nuestro corazón. Así morimos y renacemos una y otra vez, tratando de ver en cada amanecer la Luz que no se apaga...

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