Este
es uno de los misterios que probablemente
nunca serán descubiertos.
Casi todas las lenguas de nuestro
planeta tienen un origen más
o menos determinado. La lengua japonesa
es una excepción. Los filólogos
llevan décadas discutiendo
sobre el incierto origen del japonés.
En la actualidad
la lengua japonesa ha sido incluida
entre las lenguas no clasificadas.
Por guardar algún parecido
con el coreano y el mongol, se
la intento incluir en el grupo
de las lenguas altaicas (mongol,
somoyedo, tungunaso) y malayo-polinesias.
La lengua japonesa es una lengua
aglutinante, como el coreano,
el mongol, el turco, el húngaro,
el finés, etc. Esto quiere
decir que forma palabras con sufijos
y afijos añadidos al radical.
Como curiosidad
indicar las corrientes que intentan
indicar el origen del japones:
Los lingüistas
ingleses afirman que es una lengua
paleo-siberiana, agrupada a la
lengua gilyak y con las familias
chukchi-kamchatkán, yeniseica
y yukaghir.
Los lingüistas
soviéticos tienden a incluir
el japonés entre las lenguas
hiperboreales, habladas en Siberia,
y entre las ocho lenguas habladas
en esta amplia zona, alutor, coriaco,
chukchi, gilyak, kamchadal, kerek
y yukaghir, además de entre
otras cuatro lenguas ya desaparecidas,
arin, asan, cottia y chuvantzy.
Ambas corrientes
coinciden en una lengua, el gilyak,
sin embargo esta posibilidad hoy
en día tiene pocos participes.
Los nombres más
destacados en el estudio de estos
temas relaiconados con el origen
del japonés son, Scheleicher,
Federico Máximo Muller
y Steinthal.
Despues de presentar
toda esta antigua polémica
se quiere recordar, que en la
actualidad el japonés se
considera dentro de una filiación
lingüística independiente
y no con un origen derivado de
otras lenguas. Como prueba de
ello están tanto su aislación
geográfica como el ser
un pueblo que no ha sufrido ninguna
invasión extranjera.
La lengua japonesa
en su origen no tiene ninguna
relación ni con la lengua
ainu, ni con el chino. El chino
es una lengua monosilábica
y completamente distinta, en su
composición y formación,
al japonés. Los ainus eran
una raza que procedía de
Siberia y ocuparon las islas del
Japón muchos años
antes de que la actual raza japonesa
les confinara a las provincias
del extremo norte de Japón,
Hokkaidö y Karafuto (siglo
VII A.C.). Actualmente sólo
existen unos 15.000, en su mayoría
en la isla de Hokkaidö. Conservan
sus costumbres y tradiciones típicas,
y hablan su propia lengua, distinta
de la japonesa. La lengua ainu
es una mezcla de mongol con elementos
caucásicos, probablemente
arios.
Aunque la lengua
japonesa, sintácticamente
no tenga relación alguna
con el chino, su vocabulario está
compuesto, en su mayoría,
de palabras chinas, introducidas
bastante recientemente.
Se conoce por Yamato
tanto al Japón antiguo
como a su primitiva lengua. El
archipiélago japonés
comenzó a poblarse en el
2500 A.C. con pueblos mongólicos
procedentes del continente asiático,
principalmente en las islas de
Hokkaidö y Kyüshü
(Japón está formado
por tres grandes islas, las ya
mencionadas, y la más extensa
que es la de Honshü).
La raza del Yamato
llevaba nueve siglos en Japón.
Como todo pueblo comenzó
a desarrollar una lengua y una
cultura; se sabe que su arcaica
lengua era polisilábica,
aunque se desconoce si poseían
escritura. Sea como fuese esta
lengua, cuando los primitivos
japoneses estaban culturalmente
preparados para desarrollar una
lengua escrita sufrieron el influjo
cultural del continente asiático.
No fueron los chinos quienes llevaron
su cultura a Japón, la
cultura china llegó a través
de sabios coreanos. La fecha de
esta invasión cultural
va desde el siglo III hasta el
siglo VII (la mayoría de
los autores hablan de que ya en
el siglo III de la Era Cristiana
comenzaron a introducirse las
ciencias y literatura chinas).
Como fecha concreta se puede dar
la del 405 A.D. en que la Corte
Imperial adopta oficialmente la
escritura china.
El pueblo japonés
adoptó los ideogramas o
caracteres kanji como forma de
escritura. Desde ese momento los
japoneses usaron los caracteres
kanji para expresar sus ideas
y conceptos. Un ideograma es una
unidad conceptual, que tiene significado
por sí mismo, a diferencia
de nuestro alfabeto, que necesita
la unión de vocales y consonantes
para expresar un concepto. En
un principio como suele ser normal
en la introducción de nuevas
culturas, la escritura china se
difundió sólo entre
las clases más selectas.
El libro más antiguo que
se conserva es el Kojiki («Crónica
de los sucesos antiguos»),
una obra histórica y mitológica
fechada en el 712 de nuestra era
y es una mezcla de japonés
y chino.
La influencia no
fue sólo de la escritura,
sino en el lenguaje mismo. Los
japoneses adoptaron vocabularios
chinos y lecturas chinas de los
kanjis, pero les dieron sus propios
significados. El idioma japonés,
sin haber desvirtuado en lo más
mínimo su autonomía
lingüística, ha sido
inmensamente enriquecido conceptualmente
gracias a los caracteres chinos.
Los japoneses no
sólo adoptaron los ideogramas
para expresar sus ideas, sino
que inventaron una fonética
especial basada en los sonidos
iniciales de los ideogramas chinos
para expresar sonidos de su propia
lengua. Usaron los caracteres
kanjis para representar las palabras
que ellos pronunciaban, por eso
se perdió parte del significado
original de los kanjis. En otros
casos se tomaron los caracteres
chinos utilizando sólo
su fonética para representar
determinadas sílabas japonesas,
ya que como ya se ha dicho el
japonés es una lengua aglutinante
y forma sus palabras a partir
de una raíz añadiendo
sufijos y afijos. Esto originó
la escritura manyogana y ésta
a su vez evolucionó para
convertirse en los sistemas de
escritura japoneses actuales,
los «abecedarios»
silábicos que se conocen
con el nombre de hiragana y katakana.